Amar es Unidad y parte por tí.

Y entendí que hay personas que son regalos, cómo estrellas que envían del cielo. Te toman, te abrazan, te nutren de amor. Vienen a hacer más grata tu estadía en este lugar. Comienzas a entender que los tiempos de sus llegadas son los precisos, ni antes ni después. El alma sabe que hay un acuerdo para que se realice ese encuentro. Olvidamos a veces ese pacto en los días de soledad. Se asoma la nostalgia, la incertidumbre, cansa la espera. Sigues en el proceso de saber quién es o no es para tí. Hay tropiezos, aciertos y desaciertos. Comienzas a mirar hacia adentro, a nutriente, a darte amor, a sanar, a generar un autocuidado, a darte todo lo que esperas de un otro. Ese es el primer paso para estar en una relación sana. La soledad ya no duele, te haces tu mejor amig@, te reconoces y sabes tu valor, ya no aceptas relaciones que te producen carencias y vacíos. Hasta que un día, terminas el aprendizaje. Ha llegado el momento de tan sagrado encuentro. Te invade el miedo, vas caminando a ciegas, pero algo en tu corazón te dice que confíes. No se pueden fingir la transparencia que proyecta una mirada, que es lo que existe en el fondo del alma. Y agradeces y confías. Comienzas a construir una historia con bellos matices. Este encuentro viene a recordarte la alegría, el amor, la fuerza que dan dos energías afines si se potencian en conjunto. Y sigues transitando el camino, con el corazón más iluminado, apreciando la belleza del amor en su más sagrada y existencia. Y agradeces que el Universo te recuerde que la vida es Unidad y que cuando tejemos redes nos potenciamos y ya no sólo ese amor es con un otro, sino que envuelve y engrandece a todo tu entorno.

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